EXPEDICIÓN FILANTRÓPICA DE LA VACUNA POR FRANCISCO JAVIER BALMIS


La Expedición Balmis fue la primera campaña médica internacional que se ha efectuada en la historia de la humanidad. Dirigida por el médico alicantino Francisco Javier Balmis, fue una expedición de carácter filantrópico que dio la vuelta al mundo desde 1803 hasta 1810, con el objetivo de llevar la vacuna de la viruela a todas las provincias ultramarinas del Imperio español, desde los Virreinatos de la Nueva España y el Perú hasta Filipinas. Fue una hazaña científica jamás antes realizada y que salvó la vida a millones de personas de América y Asia.



FRANCISCO JAVIER BALMIS

La viruela es una enfermedad eruptiva, infecciosa, contagiosa y epidémica. En la Edad Moderna era la causante de  miles de víctimas en el mundo. Llegó a América, concretamente a la isla La Española (Haití y Santo Domingo), en 1518 a través de negros africanos en calidad de esclavos, traídos en un barco portugués. En 1520 la enfermedad causó estragos en Nueva España (México) y en 1558 en la Nueva Granada (Colombia) diezmó al 30% de la población.

La vacuna antivariólica, la primera vacuna de la historia, fue descubierta en 1796 por el médico rural inglés Edward Jenner, basado en los estudios realizados en el campo, extrayendo de las ubres de las vacas una pústula o costra, útil para formar un virus que previene la viruela, de allí la denominación de vacuna. Tras las primeras pruebas en poco tiempo llegaron a vacunar a cien mil niños de Inglaterra.



REPRESENTACIÓN DEL ORIGEN DE LA VACUNA

El rey Carlos IV había perdido a un hijo a causa de la viruela, por eso tuvo siempre en cuenta el contagio. En Navidades de 1802, la Corte conoció la noticia de que una epidemia de viruela afectaba a Nueva Granada. Preocupado por los niños de la América española y Filipinas, el monarca consultó a sus cirujanos de la Real Cámara. Conociendo que la vacuna había llegado a España en 1800, emitió un edicto el 1 de septiembre de 1803 por el cual ordenaba la organización de una Real Expedición con el objetivo de propagar y perpetuar la vacuna contra la enfermedad por todos los territorios de ultramar. Esta misión sanitaria internacional fue la primera campaña médica a gran escala geográfica de la historia de la humanidad.

A tal fin ordenó a su médico de cabecera Francisco Javier Balmis y Berenguer liderar la aventura. Era un médico militar, natural de Alicante, donde nació en 1753. Había vivido diez años en América y conocía las técnicas de la inoculación y la vacunación. A sus amplios conocimientos científicos se unieron sus cualidades humanas, convirtiéndose en el candidato perfecto para encabezar el proyecto, completamente financiado por la Corona española. Además se aprobó un cuerpo de leyes que posibilitaba tal fin.

Los objetivos de la expedición sanitaria fueron la vacunación de la mayor población infantil, la enseñanza a los médicos locales de la técnica antivariólica, la organización de juntas de vacunaciones y el mantenimiento del suero para continuar las inmunizaciones.

Uno de los principales problemas que se presentaron a la hora de idear la expedición fue el método para conservar la vacuna en perfectas condiciones durante todo el trayecto, en una época donde no existía dispositivo para su refrigeración o congelación. La solución fue utilizar a un determinado número de niños como porteadores de la vacuna. No servía cualquiera, ya que para prender con eficacia la vacuna los niños no debían haber sufrido previamente la enfermedad.

El método de transmisión consistía en realizar en sus brazos una pequeña incisión con un bisturí, colocándose en la herida el virus sanador; se iba transmitiendo la vacuna de brazo a brazo de un niño a otro, mediante el contacto de las heridas, operación que se hacía cada diez días para mantener en forma activa el virus.


EVOLUCIÓN DE LOS GRANOS DE LA VACUNA

Balmis contrató los servicios de diez médicos entre los que se encontraban algunos cirujanos recién graduados por el Real Colegio de San Carlos de Madrid: Manuel Julián Grajales, Antonio Gutiérrez Robredo, Rafael Lozano Pérez, Pedro Ortega y Basilio Bolaños. También contó con la participación de sus sobrinos Francisco y Antonio Pastor Balmis, y de la rectora del Hospicio de Santiago de Compostela de La Coruña, Isabel López Gondalla, con la tarea de cuidar a los veintidós niños que conformaban el convoy sanitario, con edades comprendidas entre los 6 y 8 años.

Llevaron cientos de ejemplares de la obra Tratado Histórico y Práctico de la Vacuna de Luís Jacobo Moreau de la Sarthe, que Balmis tradujo del francés al español, sobre las inmunizaciones y unos dos mil pares de vidrios.

La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna partió el 30 de noviembre de 1803, desde La Coruña a bordo de la corbeta militar María Pita.


CORBETA MARÍA PITA

La primera escala se realizó en Tenerife (islas Canarias), donde vacunaron a cientos de niños; desembarcaron en Puerto Rico en febrero de 1804 con idéntica misión sanitaria. 

Al llegar a Puerto Cabello el 8 de mayo de 1804, en la Capitanía General de Venezuela, la expedición se dividió en dos grandes grupos: un grupo de médicos y niños dirigido por el doctor Balmis y el otro dirigido por el cirujano militar barcelonés José Salvany y Lleopart.

El grupo de Balmis se dirigió a Cuba, continuó al Virreinato de Nueva España, teniendo que atravesar el territorio desde Veracruz hasta Acapulco, para embarcar hacia Filipinas, donde actuaron en Manila el 14 de septiembre de 1806, y ya en China en Macao. Desde allí el grupo expeditivo regresó a España, el 10 de agosto de 1808, en dirección oeste atravesando los océanos Índico y Atlántico.

La sub-expedición dirigida por José Salvany se encargó de vacunar en el Virreinato de Nueva Granada, empezando por Caracas, luego Margarita, Cumaná, Maracaibo, Cartagena y Bogotá, continuó por el Virreinato del Perú hasta Cochabamba. En esta ciudad, el 21 de julio de 1810, Salvany perdía la vida a los treinta y tres años de edad, cumpliendo la noble misión. A la muerte del líder había que sumar la aparición de los primeros enfrentamientos bélicos surgidos en vísperas de los primeros procesos de emancipación americanos. Ante estos problemas, el grupo suspendió la labor que estaba realizando y, doblando el estrecho de Magallanes, puso rumbo a Cádiz.


PARTIDA DE LA EXPEDICIÓN DESDE LA CORUÑA


La labor efectuada por esta expedición contó con la colaboración de las autoridades sanitarias, políticas y eclesiásticas locales de cada región para fundar las Juntas de Vacuna. Fueron instituciones formadas para perpetuar la vacuna contra la viruela, para mantenerla fresca cuando la expedición continuase su itinerario y propagar su medicación.


En Venezuela, por ejemplo, el doctor caraqueño Felipe Tamariz apoyó la labor del doctor Salvany organizando la comisión vacunadora; el sabio José María Vargas describió el procedimiento de inoculación en su trabajo Epítome sobre la vacuna, y Andrés Bello elogió esa grandiosa jornada dedicándole su Oda a la Vacuna.


La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna inoculó a más de medio millón de personas en los dos hemisferios, desde América hasta Asia, desde los 40º de latitud norte hasta los 48º de latitud sur. Como consecuencia de esta gesta sanitaria, se articuló una ley preventiva de la salud pública que tuvo una impresionante efectividad. El propio descubridor de la vacuna de la viruela, Edward Jenner, escribió sobre la expedición:

"No puedo imaginar que en los anales de la Historia se proporcione un ejemplo de filantropía más noble y más amplio que este."
ITINERARIOS SEGUIDOS POR LA EXPEDICIÓN

Estos héroes benefactores de la humanidad, incluyendo a los niños, tuvieron que soportar las inclemencias del tiempo, las agotadoras travesías por tierra, el extenuante clima tropical del mar Caribe, los fríos intensos de la cordillera de los Andes, las fuertes corrientes de aguas, atravesar llanuras y montañas para proporcionar la vacuna a cuantas personas pudiesen.

La Organización Mundial de la Salud declaró el 8 de mayo de 1980 la erradicación de la viruela, un gran avance en la salud pública. La humanidad estará siempre agradecida de la iniciativa de los profesionales de la medicina y los niños que formaron parte de esta misión, verdaderos héroes anónimos salvadores de vida.


BUSTO DE FRANCISCO JAVIER BALMIS EN LA FACULTAD DE MEDICINA DE LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE
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