CARTOGRAFÍA MODERNA ESPAÑOLA: LOS PRIMEROS MAPAS DEL MUNDO


A comienzos de la Edad Moderna, la Cartografía española continuó a la vanguardia de Occidente como siglos antes lo hicieron las Escuelas cartográficas catalana y mallorquina. Promovidos por la Casa de Contratación, marinos, cartógrafos y cosmógrafos definieron los primeros mapamundis que incluían las tierras descubiertas en las Indias occidentales y orientales, así como cartas náuticas de los océanos y mares de buena parte del orbe. Fueron los primeros mapas del mundo conocido.

MAPA DE LA DELIMITACIÓN DEL TRATADO DE TORDESILLA,
POR DIEGO RIBERO (1529)

En el desarrollo de la cartografía que pudo conocer la Europa de la Edad Moderna intervinieron toda una serie de factores de los cuales el más determinante fue el inicio de la exploración atlántica por España y Portugal. Para el asentamiento y organización de ambos imperios era condición indispensable el conocimiento más preciso de los territorios por los que se extendían. Y una representación eficaz implicaba el dominio de saberes como geometría, trigonometría, astronomía o geografía, así como de técnicas como planimetría, cartografía y el manejo de instrumentos de medición de distancias y niveles. La Corona española se preocupó de reclutar a los matemáticos, cosmógrafos y cartógrafos más preparados de su tiempo para diversos proyectos.

La cartografía y la náutica española de la Modernidad continuó a la vanguardia occidental, gracias a la gran escuela cartográfica y náutica de la España imperial que fue la Casa de Contratación de Indias. Fundada en Sevilla, en 1503, por los Reyes Católicos, tenía como objetivo la administración y control del tráfico mercantil con el Nuevo Mundo, pero tuvo una importante actividad científica. En esta institución se instruía a los pilotos en formación náutica para los viajes a las Indias bajo la autoridad del piloto mayor.

El piloto mayor se dedicaba a examinar la enseñanza de la cosmografía y la construcción de instrumentos, así como a aprobar las cartas de marear, en cuya labor era ayudado por los cosmógrafos oficiales.

En 1508, Américo Vespucio, quien dio nombre al Nuevo Mundo, fue el primer piloto mayor de la Casa de Contratación de Indias. Se encargó aportar los instrumentos de navegación necesarios y su utilización tales como el astrolabio y el cuadrante, también de unir teoría y práctica y hasta de examinar el nivel de conocimientos y preparación de los pilotos. 

Se establecieron cátedras de matemáticas, cosmografía, astronomía, cartografía, hidrografía y artillería, impartidas por profesores españoles e incluso extranjeros, como el inglés Sebastián Caboto, los flamencos Jerónimo Cock o Gemma Frisioel italiano Americo Vespucio o los portugueses Diego Ribero y Fernando de Magallanes.

A mediados de siglo, se encargó dicha enseñanza a catedráticos de cosmografía. El primer catedrático en cosmografía fue Jerónimo de Chaves, cuya cátedra fue creada en 1552. Además, se realizaban estudios náuticos, cosmográficos y cartográficos, basados tanto en los análisis como en la experiencia.

CASA DEL ALMIRANTE DE LA CASA DE CONTRATACIÓN EN EL ALCÁZAR DE SEVILLA

De cada viaje realizado, el piloto de Indias tenía que entregar las "relaciones" de las observaciones recogidas y cartas dibujadas sobre el mar o el terreno para construir la cartografía. También entregaba informes sobre el medio natural, las etnias y los idiomas. De modo que la Casa de Contratación, además de ser un centro de control de comercio, terminó por convertirse en un organismo científico, etnográfico, geográfico, historiográfico y de formación náutica. Por ello se generaron prontuarios que recibieron diversos títulos como Tratado, Arte, Regimiento, Suma, Instrucción, Compendio, Espejo, Luz, Antorcha y hasta Reparo a errores.

Pilotos como Andrés de Morales, Américo Vespucio, Juan de la Cosa, Nuño García Torreno, Hernando Colón, Pedro de Medina, Alonso de Santa Cruz, Francisco Faleiro, Alonso y Jerónimo de Chaves, Juan López de Velasco, Fernández de Enciso, Martín Cortés, Rodrigo Zamorano, Andrés García de Céspedes, García de Palacio, Tomé Cano, Pedro Porter Casanate, entre otros, prestaron unos amplios conocimientos en cosmografía y cartografía conseguidos durante sus expediciones marítimas. Se trataba de un grupo de científicos que habían encontrado su madurez profesional en pleno Siglo de Oro español, recogiendo el legado que en el Medievo dejaron sus precursores de las Escuelas catalana y balear.

Dada la alta confidencialidad de los mapas y cartas, era de obligatoriedad que los planos, bocetos y apuntes trazados por los pilotos en sus viajes quedasen custodiadas y protegidas con medidas especiales de seguridad,  jurando solemnemente no divulgar su contenido. El papel era su principal material, lo que facilitaba que se quemara rápido antes de ser interceptadas por un barco enemigo en plena mar. Otras de las medidas requeridas por la Corte española fue que el número de copias del padrón real, es decir, proyecto náutico, no podía ser mayor que el de pilotos existentes de las Carreras de Indias.

A mediados del siglo XVI sólo había 180 pilotos y poco más de 200 maestres que navegaban la derrota de las Indias. Tan solo ellos y un muy escaso número de personas tenían acceso a tan privilegiada información, siempre apetecida por los espías y agentes de las grandes potencias.

CASA DE CONTRATACIÓN DE SEVILLA EN EL ARCHIVO GENERAL DE INDIAS

El siglo XVI comenzó con la aparición del primer mapa del mundo en el que aparecen representadas las costas de América. El Mapamundi que Juan de la Cosa elaboró en 1500 marcaba el inicio de la cartografía americana, considerado como una de las joyas de la historia de la cartografía. Este portulano mostraba todo el mundo conocido hasta finales del siglo XV. 

De la Cosa trazó las costas de Europa y particularmente del Mediterráneo conforme a los más avanzados portulanos mallorquines e italianos de la época. El contorno de África fue dibujado de acuerdo a los últimos descubrimientos portugueses, mientras que el de Asia, hasta el Ganges, es muy impreciso. Al oeste de Europa y África aparece el mar Oceanuz y allí una rosa de los vientos con la imagen de la Virgen María y el Niño Jesús, de donde parten líneas o rumbos que parecen una telaraña. Limitando al mar Oceanuz por Occidente, se pintan de verde las tierras continentales recién descubiertas hacia el norte y hacia el sur por Colón, Ojeda, Yáñez Pinzón y Juan y Sebastián Caboto. América del norte aparece representada como un gran seno marinero, que correspondería al golfo de México, y sobre el "círculo cangro" aparecen la isla de Cuba y muchas isletas alrededor, las Antillas están representadas con sus nombres, pero faltan las penínsulas de La Florida y Yucatán. El litoral de América del sur está representado desde el cabo de la Vela al de San Agustín y una parte del Brasil actual. Muestró además a Asia y América separadas por una masa de agua independiente, el océano Pacífico, y a América del norte y América del sur como dos continentes autónomos. Se expone en el Museo Naval de Madrid.


MAPAMUNDI DE JUAN DE LA COSA (1500)
MAPAMUNDI DE JUAN DE LA COSA EN EL MUSEO NAVAL DE MADRID

Otro mapamundi al estilo de las cartas marinas conocidas como portolanos fue el pergamino de grandes dimensiones que Nuño García de Torreno, jefe de la Casa de la Contratación, realizó en Sevilla en 1526. El planisferio Salviati contiene trazos en oro y colores, representando ciudades, bajeles y príncipes, conteniendo al menos veintidós rosas de brújula con líneas de navegación radiales, y solo se identificaron asentamientos costeros. También hay dibujos de árboles, montañas, animales (solo en los nuevos descubrimientos), pueblos almenados (en Europa, Medio Oriente, Asia y África) e incluso carpas coloridas para representar asentamientos en África. El mapa es muy colorido, con el mar Rojo mostrado en ese color, y los mares Báltico, Negro y Caspio y el golfo Pérsico se muestran en azul.

Geográficamente muestra el mundo conocido en una perspectiva típica de Europa occidental, mostrando solo las costas orientales de América del Norte y del Sur. No se intenta indicar la extensión occidental de ninguna de las masas terrestres, ni existe una verdadera especulación sobre la proximidad de los nuevos descubrimientos al continente asiático. De hecho, la representación de Asia al este de la India está muy poco desarrollada, sin una costa oriental y sin indicación de las islas de Japón. Se muestra que América del Norte y América del Sur están conectadas desde Labrador en el norte hasta el Estrecho de Magallanes en el sur.

PLANISFERIO SALVIATI DE GARCÍA DE TORRENO (1525)
AMÉRICA EN EL PLANISFERIO DE GARCÍA DE TORRENO

A las órdenes de Juan de la Cosa ya había estado el navegante y cosmógrafo Andrés de Morales, incluso tomado parte en diversas expediciones marítimas a las órdenes de Cristóbal Colón o Rodrigo de Bastidas, explorando las costas atlánticas de América. Siempre estuvo vinculado a la Casa de Contratación de Indias realizando numerosos trabajos náuticos y cartográficos en las dos primeras décadas del siglo XVI. En 1508, por orden del gobernador Nicolás de Ovando, realizó un mapa de la isla La Española tras explorarla, mapa que se conserva en la actualidad.

Por orden del obispo Juan Rodríguez de Fonseca, ejecutó una carta de navegación marítima de la costa de Brasil, que sirvió para defender los límites españoles en su litigio con Portugal. Esta fue la Carta Marítima de la Costa de Brasil. Entonces, Morales se dio cuenta de la existencia de unas corrientes marinas en el océano Atlántico, a las que llamó Torrentes del mar. Estas corrientes oceánicas fueron estudiadas con tan exactitud que asombró al propio Alexander von Humboldt en el siglo XVIII. Llevó a cabo otra Carta de Marear de las Indias Occidentales.


PORTULANO DE JORGE DE AGUIRA (1492)

Pero la cartografía del siglo XVI se no caracterizó por la elaboración de portulanos medievales, sino por la invención de dos tipos de modernas cartas náuticas: la plana y la esférica.

La carta plana era un moderno invento portugués que intentaba superar a las medievales cartas portuláneas. Su ejecución es el resultado matemático de proyectar la esfera en un cilindro tangente o secante a la misma, generando una red de paralelos y meridianos que forman cuadrados o rectángulos perfectos. Pero presentaba un error como carta náutica ya que la línea que une dos puntos de la misma corta a los meridianos según ángulos desiguales; por tanto no es línea de rumbo, que es la que forma ángulo igual con todos los meridianos y la que señala la ruta a los nautas.

Este inconveniente fue subsanado por la carta esférica, también llamada carta de latitudes crecientes, por la cual la latitud se exagera en el mismo grado que la longitud y de esta manera la línea que une dos puntos cualesquiera de la carta es línea de rumbo. Este sistema de proyecciones polares equidistantes fue inventado por cartógrafos españoles, mucho antes que los emplease el holandés Mercator; pues si éste lo utilizaba en 1559, en un mapa español, posiblemente dibujado por García Torreño, se empleaba ya en 1522. Por otra parte, Mercator pudo aprender cartografía en España, pues estuvo trabajando al servicio del emperador Carlos V.

ISLARIO GENERAL, TABLA PRIMERA (1560)

De hecho, el gran precursor de la carta esférica en el siglo XVI fue el sevillano Alonso de Santa Cruz, cartógrafo oficial y fabricantes de instrumentos náuticos de la Casa de Contratación de Sevilla, donde residió habitualmente. Después de viajar por varios países de Europa, participó en la expedición de Sebastián Caboto. Pasó a la historia por descubrir el modo de trazar los intervalos entre los paralelos de las proyecciones esféricas, consiguiendo evitar los errores que se producían en las cartas planas. Fue por ello considerado como el gran precursor de los mapas de variaciones magnéticas. Además ideó un instrumento para la determinación de las longitudes.

En 1539, Alonso de Santa Cruz fue nombrado cosmógrafo mayor de Carlos V, cargo en el que continuó con Felipe II. La Junta de Cosmógrafos y Astrónomos que se organizó en 1554 en Valladolid estuvo presidida por el marqués de Mondejar, éste le encomendó que un análisis sobre ciertos instrumentos de metal y un libro del que era autor el alemán Pedro Apiano, con el cual se decía que se determinaban las latitudes; este informe constituyó su Libro de las longitudines y manera que hasta ahora se ha tenido de navegar.

Otra obra de gran importancia fue su Islario general de todas las islas del mundo, publicado en 1560 por encargo de Felipe II, probablemente realizado como parte de una Geografía universal que Santa Cruz no pudo dejar terminada. Está compuesto de 111 mapas que  representan todas las islas y penínsulas del mundo, y muestran todos los descubrimientos realizados por los exploradores europeos desde 1400 hasta mediados del siglo XVI. El mapa está organizado en cuatro partes: la primera trata del Atlántico Norte; la segunda, del Mediterráneo y las zonas adyacentes; la tercera, del África y el Océano Índico, y la cuarta, del Nuevo Mundo. Los mapas incluyen escalas en latitud y algunas en longitud, y cuerpos de agua con escalas variadas y orientadas con rosas de los vientos.

El Islario general es el primer atlas en el que se utiliza papel en lugar de pergamino y posee un diseño más funcional, menos estético que los mapas portuláneos y atlas de finales del medievo.


ISLARIO GENERAL, TABLA CUARTA (1560)

La cartografía de la Casa de Contratación se fue convirtiendo en toda una ciencia, ya que la calidad y precisión de los mapas fue siempre en progreso. Allí se redactaron la primera Geografía general e Historia y un Islario general de todas las islas del mundo.

Se conservan en Italia dos hermosas cartas sevillanas del litoral atlántico del Nuevo Mundo y el estrecho de Magallanes, fechada una de ellas en 1512. Ambas pertenecieron, respectivamente, a los cardenales Juan de Salviati y Baltasar de Castiglione, que con los respectivos cargos de legado y de embajador de Clemente VII, asistieron en 1526 a la boda entre Carlos V e Isabel de Portugal en Sevilla. También es sevillana la carta anónima, conservada en la Biblioteca Real de Turín.

El gran lingüista y humanista sevillano Antonio de Nebrija no solo de dedicó al área lingüista y el conocimiento de latín, demostrados en su Gramática de la lengua castellana e Introductiones latinae, también al campo científico. Entre otras obras, elaboró una In cosmographía libri introductionum, de 1498, y una Tabla de la diversidad de los días y horas y partes de hora en las ciudades, villas, y lugares de España, y otros de Europa, que les responden por sus paralelos, publicada en Alcalá de Henares, en 1516.

El cosmógrafo y también sevillano Martín Fernández de Enciso, compañero de Juan de la Cosa en sus expediciones, compuso la Suma de geografía que trata de todas las partes y provincias del mundo en especial de las Indias. Fue una obra sumamente curiosa e impresa en Sevilla en 1519, pero la divulgación de sus mapas fue prohibida debido al conflicto territorial hispano-luso por las islas del océano Pacífico. Es considerada la primera geografía que se hizo sobre América y tiene una descripción de la costa de Tierra firme y es la primera en que se menciona el nombre de Venezuela. En realidad es la primera obra geográfica de carácter general que abarcó el Viejo y Nuevo Mundo.

El humanista aragonés Miguel de Servet, descubridor de la circulación pulmonar de la sangre, realizó una edición anotada y revisada de la obra Geographia de Claudio Ptolomeo, publicada en Lyon en 1535.


SUMA GEOGRÁFICA, POR FERNÁNDEZ DE ENCISO (1519)

En 1527, se encargó a Diego Ribero el primer Mapa científico en el que consignar la evolución del descubrimiento y la exploración de nuevas tierras. Ribero era cosmógrafo de origen portugués, pero se había nacionalizado español en 1519. Estuvo al servicio de la Casa de Contratación de Sevilla desde 1518 y fue nombrado cartógrafo real y maestro de hacer cartas náuticas, astrolabios e instrumentos de navegación desde 1521, sucediendo a Sebastián Caboto como piloto mayor del reino.

Este mapa científico del mundo es el primer planisferio basado en observaciones empíricas de latitud, convirtiéndose en el mapa maestro oficial a partir del cual se hacían las cartas de navegación que utilizarían todos los barcos de la Carrera de Indias. Está fuertemente influenciado por la información recopilada durante la expedición de Magallanes a las islas Filipinas y que supuso la primera vuelta al mundo por Elcano en 1521.

El mapa delinea con bastante precisión las costas de Centroamérica y Sudamérica, e incluye a las islas Malvinas, aunque no aparecen ni Australia ni la Antártida, y el subcontinente indio figura con un tamaño demasiado pequeño. Muestra por primera vez, entre otros, la extensión real del océano Pacífico  y también la costa oriental de América del Norte por vez primera de forma continua, posiblemente basándose en la exploración de dicha costa por Esteban Gómez en 1525. También muestra las líneas del Tratado de Tordesillas. Al río Orinoco se le denomina río Dulce.

Se conservan copias en la biblioteca de Weimar (Mundus Novus) y en la biblioteca Vaticana (Propoganda Map).


MAPA CIENTÍFICO (PATRÓN REAL) DE DIEGO DE RIBERO (1529)

Desde 1521, el extremeño Alonso de Chaves fue "piloto y cosmógrafo e maestro de hacer cartas y astrolabios, e otras cosas para la navegación" y uno de los navegantes más instruidos de su tiempo demostrando una gran destreza en la cartografía.

Participó en el proyecto de elaboración del Padrón Real encargado por la Casa de Contratación en 1526 a Hernando Colón, que era la carta de marear con rumbos y datos de navegación para encontrar los destinos. Chaves elaboró este Mapamundi en 1533 para ese proyecto reflejando la sistematización que la Corona establecía desde Sevilla, para controlar los barcos de la Carrera de Indias. El folio dedicado a América tiene ocho leyendas geográficas que aportan información de lo que se sabe de cada zona en ese preciso momento.

Era la carta náutica más avanzada de su tiempo el punto de vista geográfico y la exploración era inmensa para las pocas décadas que llevaba en marcha. El Ecuador está perfectamente ubicado corrigiendo anteriores desviaciones y Yucatán seguía considerándose isla, pero aparece ya casi pegada a Tierra Firme. La exploración del Pacífico se limita a Centroamérica y la costa de Perú hasta Chimcha, puesto que se desconocían los hallazgos de Pizarro hacia el interior en 1531. En el lado atlántico, la costa de Sudamérica está dibujada con precisión, así como las Antillas y el golfo de México. En Norteamérica ya se muestra la continuidad de la costa como continente, abandonando la creencia anterior de que era una sucesión de islas. Sin embargo, el dibujo la sitúa en una progresión irreal hacia el este.

La línea de costa termina donde la exploración no ha llegado. También destaca la preciosa iconografía de la flora y la fauna representativas: avestruces, tigres, monos o papagayos, en las distintas latitudes, aparecen explicadas con bastante detalle.

Lo que queda de este temprano mapamundi son solo dos folios de pergamino de lo que debieron ser cuatro, que se conserva en el Herzog August Bibliothek de Wolfenbüttel, en Alemania.

Es autor del manuscrito Espejo de Navegantes, publicado en 1537, que amplía los conocimientos mostrados en esta carta y que no fue publicado porque contenía toda la información sensible sobre las rutas y los medios necesarios para viajar a América.

En 1552 fue nombrado piloto mayor de la Casa de Contratación, función que desempeñó durante 34 años.

MAPAMUNDI DE ALONSO DE CHAVES (1533)


El matemático, geógrafo y astrónomo Pedro Nuñez era portugués, pero se había licenciado en la Universidad de Salamanca en 1523, donde impartió clases. Inventó el Nonio, un dispositivo de medida de longitudes que permitía, con la ayuda de un astrolabio, medir fracciones de grado de ángulos muy pequeños no indicadas en la escala de los instrumentos astronómicos y topográficos. 

En 1546, publicó su Tratado de la navegación, un importante descubrimiento con grandes implicaciones geométricas: la curva loxodrómica. Se creía antes que, marchando sobre la superficie terrestre en un rumbo fijo, es decir, formando ángulo constante con la meridiana, la línea recorrida era un círculo máximo, es decir, que un navío que siguiese este derrotero llegaría teóricamente a dar la vuelta al mundo, volviendo al punto de partida. Nuñez fue el primero en señalar la falsedad de este concepto, demostrando rigurosamente que la curva recorrida se va acercando al polo, alrededor del cual da infinitas vueltas sin llegar nunca a este punto asintótico. Los marinos alemanes la designaron mucho tiempo con el nombre de rumbo, asignado por el propio Nuñez, hasta que en el siglo XVII recibió el término de curva loxodrómica.

NONIO ORIGINAL DE PEDRO NUÑEZ


Es muy notable la carta náutica de Otro sevillano ilustre fue el geógrafo, cartógrafo, astrónomo e historiador Pedro de Medina que trabajó para la Casa de Contratación desde 1539 como examinador de pilotos y maestres de la Carrera de Indias. En 1550, publicó su Suma de Cosmographia, que contenía uno de los primeros mapamundis con bastante exactitud. Aunque su contenido es elemental, con trazas medievales, tanto en lo cosmográfico como en lo cartográfico.

Esta carta náutica presenta un esquema en que lo más preciso es el trazado de la Línea de Tordesillas paralela a otra graduada. El contorno continental muestra viejas deformaciones en África, pero también algunos datos fidedignos en América, algunos de los cuales, posteriormente, emergen en otros mapas con error, como en la península de California; el Extremo Oriente sigue las pautas de los mapamundis de veinte años atrás. La decoración es profusa, la toponimia esquemática, el relieve está ausente y la hidrografía es simplemente decorativa. Se trata de un bello mapa para ilustrar un maravilloso manuscrito.

SUMA DE COSMOGRAPHIA, POR PEDRO DE MEDINA (1550)

El delineante Diego Gutiérrez fue cosmógrafo de la Casa de Contratación desde 1554 hasta 1569. En 1562, dibujó el mapa más grande de América hasta aquel entonces y antes de la mitad del siglo XVIII. Su título identifica a América como la cuarta parte del mundo: Americae sive quartae orbis partis nova et exactissima descriptio. Junto a él, colaboró un grabador notable de Amberes llamado Jerónimo Cock.

Se trata de un grupo de seis hojas grabadas que están cuidadosamente unidas para formar un espectacular y ornamentado único mapa que mide 93 por 86 centímetros y que escribe la totalidad del contienen americano.

El objeto de este mapa era la identificación clara y concisa de las posesiones españolas en América ofreciendo una vista ilustrada llena de nombres e imágenes que se habían popularizado en Europa después de su descubrimiento. No tuvo una finalidad náutica o científica, sino más bien diplomática, ya que hacía un reconocimiento hacia las potencias europeas de los territorios en posesión de la Monarquía española, delineando sus esferas de control.

Los numerosos asentamientos, ríos, montañas y cabos son complementados por imágenes de animales tanto terrestres como marinos, caníbales, gigantes Patagoneses y un volcán en erupción en el México central. Reconoce la cuenca del río Amazonas y otros ríos de sur, el Lago Titicaca, la ubicación de Potosí y de México, la península de la Florida, incluso hace referencia por primera vez a California, además de numerosos lugares de la costa de la América del sur, central y caribeña. Aparece la línea del Ecuador y los trópicos de Cáncer y Capricornio y las medidas entre estas latitudes fijas pueden ayudar en determinar las distancias del mapa entero.

Se conocen dos copias, una en la Biblioteca del Congreso (Washington, D.C.) y la otra en la British Library (Londres).


MAPA DE AMÉRICA, POR DIEGO GUTIÉRREZ (1562)

Al igual que su padre Alonso de Chaves, Jerónimo de Chaves también fue piloto mayor de la Casa de Contratación sevillana, sucediendo a Sebastián Caboto. En 1552 instauró la cátedra de cosmografía siendo él mismo el primer catedrático en esta especialidad. Su principal obra científica fue Cronología o repertorio de los tiempos, publicada en 1548. Fue autor de un Tratado de la esfera y de un considerable número de mapas geográficos de España y América, como por ejemplo el primer Mapa de Floridapublicado en 1584.


MAPA DE LA FLORIDA, POR JERÓNIMO DE CHAVES (1584)

Tras el fallecimiento de Alonso de Santa Cruz en 1571, el cosmógrafo cronista del Consejo de Indias Juan López de Velasco fue nombrado cosmógrafo real en sustitución suya. Fue comisionado por el rey para redactar la Instrucción para la observación del eclipse de la Luna y cantidad de las sombras, con el fin de formar una estadística de los que ocurriesen en los dominios de España. Con las observaciones así recopiladas se determinaron las longitudes de muchos puntos importantes.

Es autor del Mapa de la División de las Indias, publicado en 1575, y de un trazado sobre Navegación de España a las Indias Orientales. Concluyó una Geografía de las Indias, comenzada por Santa Cruz, pero dado el alto nivel de confidencialidad Felipe II prohibió su publicación quedando el acceso a unas pocas copias por miembros del Consejo de Indias.


CARTA DE JUAN LÓPEZ DE VELASCO (1570)

Una de las figuras más relevantes de la historia de la cartografía fue Abraham Ortelio, nombrado cosmógrafo real por Felipe II a cuya monarquía sirvió. Su gran obra fue el Theatrum Orbis Terrarum, publicado en 1570, considerada como el primer atlas moderno. Ortelio recopiló para su obra los mejores mapas disponibles de los cartógrafos más importantes de su tiempo, de forma que abarcara el mundo entero. El Theatrum tuvo un gran éxito inmediato, siendo editado en varios idiomas; en español se hicieron tres ediciones, en 1588, 1602 y 1612.


THEATRUM ORBIS TERRARUM, POR ABRAHAM ORTELIO (1570)

Las Relaciones de Indias, donde se recogían todos los datos que traían los pilotos al regreso de sus viajes, son auténticas enciclopedias en las que se encuentran importantísimas noticias sobre la extensión, límites, toponimia, fisiografía, etnografía, ritos y costumbres particulares, población, ríos, flora, fauna, etc. Los conocimientos que por este procedimiento de catalogación y selección se alcanzaron pueden considerarse superiores a cualquier aportación que, en el estudio de estas ciencias, haya que reconocer a otros países del mundo.

España llegó a la cumbre del desarrollo de las ciencias geográfica y cartográfica durante el siglo XVI, mediante la fundación del Museo Geográfico del Monasterio de El Escorial, por orden de Felipe II. Institución a la que siguió después la Academia de Ciencias

España puso en línea de magisterio a los más grandes geógrafos de su tiempo, a los más expertos maestros de las ciencias militar y matemática. Nombres prestigioso como los de Juan FirrufinoCedilloLabaña y OndérizRodríguez Muñoz, españoles como lo fueron los autores de los textos fundamentales: la Suma de Geografía, publicada en Sevilla en 1518, el Arte de navegar, el Regimiento de navegación, el Tratado de la carta de marear geométricamente demostrada, y muchas más.

INFLUENCIA DEL SIGLO DE ORO ESPAÑOL EN LA NOVELA BRITÁNICA

Durante el Siglo de Oro de las Letras españolas, la literatura tuvo tal grandeza y esplendor que incluso una potencia enemiga como era el Reino de Inglaterra se dejó influenciar, siendo sus grandes literatos traducidos al inglés y leídos por los círculos letrados del reino: Rojas, Alemán, Quevedo, Góngora, Lope de Vega y sobretodo Cervantes.


CALDERÓN DE LA BARCA, LOPE DE VEGA, FRANCISCO DE QUEVEDO Y MIGUEL DE CERVANTES

Pese a provenir de una nación enemiga, la literatura española era muy conocida en la Inglaterra de los siglos XVII y XVIII. El tema hispánico se puso de moda en este reino durante el Siglo de Oro de las Letras españolas, traduciéndose al inglés múltiples textos literarios. Bellos ejemplos que verifican este hecho artístico son The Spanish Tragedy de Thomas Kyd, de 1582, o la armónica The Spanish Maze, de 1603.

La publicación Mid-Century Quixotism and the Defence of the Novel, escrita por Brean Hammond en 1998, para la revista Eighteenth Century Fiction, y el libro Don Quixote in England, por el especialista en literatura y arte británicos del XVIII Ronald Paulson, demuestran la determinante influencia de la narrativa del Siglo de Oro español en la novela británica del siglo de la Ilustración.

En su obra Influencia de la literatura española en la literatura inglesaJohn W. Baker explicó que los temas españoles que más atracción artística causaron en el lector anglosajón fueron seis: la Reconquista contra los moros; los estudios universitarios (filosóficos); las peregrinaciones a Santiago de Compostela; el comercio; las bodas reales; y las guerras.

A esto hay que añadir la extraordinaria calidad literaria de estos textos, que han contribuido a definir un Siglo de Oro, así como la excelencia de las traducciones, muy especialmente las de James Mabbe.


THE ROGUE, POR MATEO ALEMÁN

El Lazarillo de Tormes fue traducido en 1576, por David Rowland of Anglese, siendo la primera gran obra española convertida al inglés en el siglo XVI, haciéndolo La Segunda parte del Lazarillo de Tormes, en 1602. De hecho, Lázaro fue convertido en personaje de teatro isabelino en Blunt Master Constable or the Spaniards Nighte-Walke, en 1602.

James Mabbe tradujo el Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, en 1622, con el título The Rogue (El Pícaro), porque Guzmán fue en Inglaterra, al igual que en España, el prototipo del pícaro. Para Gustav Ungerer, los partidarios de la Monarquía británica hallaron en este personaje la antítesis del estricto sentir puritano de la República de Cromwell, siendo Guzmán la fuente de cuantos highwaymen (saltadores de caminos) y panders (medianeros) proliferaron en la prosa inglesa del XVII.

También la Celestina fue traducida por James Mabbe, en 1631, con el título The Spanish Bawd, haciendo que la famosa alcahueta, la madre Celestina, fuera reconvertida en vieja isabelina tras ser nombrada The Spanish Bawd.

THE SPANISH BAWD, POR FRANCISCO DE ROJAS

Según Baker, Geoffrey Chaucer tuvo oportunidad de conocer libros e historias españolas y aprovecharse de todo eso. Por eso, existe un paralelismo entre los textos del Pardoner's Tale de Chaucer y del Libro de buen amor de Juan Ruiz, no solo en partes del relato, sino aun en las palabras, las ideas y el orden de ellas. El literato inglés debió conocer el texto del Arcipreste de Hita, o que ambos tuvieron una fuente común, que podría ser el De contemptu mundi del papa Inocencio III.

Richard Croshaw trasladó seis de los Sueños de Francisco de Quevedo, en 1640, el mismo año que se produjo la edición suelta de El infierno enmendado (Hell Reformed) de Edward Messervy. En 1667, Robert L´Estrange trasladó el resto. El Buscón fue traducido en 1657, 1670 y 1683.

En la Inglaterra del siglo XVII, las obras de Quevedo fueron tan populares que el autor llegó a convertirse en personaje. Por ejemplo, en Los viajes de don Francisco de Quevedo por la desconocida tierra austral (The travels of don Francisco de Quevedo through Terra Australis Igcognita, 1684) se escribió un viaje imaginario del literato español ataviado como un pre-Gulliver por el Polo Sur. Seguramente, no podría el madrileño reprimir una sonrisa al saber que su enemigo literario Luis de Góngora no pudo haber sido conocido por muchos más ingleses del XVII que Thomas Stanley, que intentó infructuosamente traducir las Soledades en 1651.


THE PILGRIM OF CASTILE, POR LOPE DE VEGA

Félix Lope de Vega tuvo una traducción de El peregrino en su patria (The Pilgrim of Castile) en 1621. Su teatro inspiró a numerosos dramaturgos ingleses, en especial a John Crowne y a Thomas Gage, ambos del siglo XVII. Incluso textos hoy considerados menores como el Poema trágico del español Gerardo y desengaño del amor lascivo (Madrid, entre 1615 y 1618), del Céspedes y Meneses, fueron traducidos como Gerardo, the unfortunate spaniard, por Leonard Digges, y teatralizados como The spanish curate, obra tardojacobina escrita por John Fletcher y Philip Massinger en 1622.

Mediante este grupos de títulos se concluye que la literatura española estuvo muy valorada por el Reino de Inglaterra en la época de William Shakespeare, e incluso décadas después de su muerte en 1616. Es indudable que Shakespeare leyó otros autores españoles. El biógrafo Stephen Greenblatt destacó la profunda influencia que la traducción del Book of prayer and meditation (1582) de fray Luis de Granada ejerció en el genio de Stratford on Avon: "Shakespeare had evidently read and absorbed the Catholic book." (Shakespeare había leído y absorbido el libro católico de manera evidente.)

De entre la literatura caballeresca que triunfó en Inglaterra destacaron dos series: las dos partes del Palmerín de Oliva de Francisco Vázquez, que fueron recogidos por Anthony Munday, en 1588 y 1597; y los tres libros del Espejo de Príncipes y Caballeros (The Mirror of Princely Deeds) de Diego Ortúñez de Calahorra, traducidos por Magaret Tyler, en 1575, 1585 y 1586.

GRANADA´S MEDITATIONS, POR LUIS DE GRANADA

En cuanto a Miguel de Cervantes, dos de sus Novelas Ejemplares, La gitana y La fuerza de la sangre, fueron también convertidos en material teatral en The Spanish Gypsy (1622), una obra de Thomas Middleton, William Rowley, Thomas Dekker y John Ford que combina ambas. En 1612, Thomas Shelton publicó su traducción del Quijote con el título de The Delightful History of the Witty Knight-Errant Don Quixote. Quizás la traducción estuvo beneficiada por la popularidad de la novela de caballerías española en la tierra del rey Arturo.

Aunque la primera traducción del Quijote al inglés fue publicada por Thomas Shelton en 1612, llevaba casi un lustro escribiéndose en versiones manuscritas. El propio Don Quixote influyó de manera innegable en la obra de Beaumont y Fletcher titulada El caballero del pistardero ardiente (The Knight of the Burning Pestle), publicada en 1631, y representada por la compañía de niños de Blackfriars en 1607-1608. De este mismo año existen varias referencias al Quijote en textos como The Miseries of the Enforced Five Gallant, de Thomas Middleton. Un poco después, otro de los grandes dramaturgos isabelinos, Ben Jonson, también hizo referencia a Don Quijote en The Silent Woman (1610). Todas estas menciones se deben a que Shelton reconoció haber traducido la obra cinco o seis años antes, por lo que las traducciones fueron manuscritas dando lugar a múltiples lecturas.


EXEMPLARY NOVELS, POR MIGUEL DE CERVANTES

Las causas intrínsecas que provocaron la admiración por los clásicos españoles fueron de tipo literario y social. Entre las literarias se cuentan la dicotomía novela-romance y la calidad de los ejemplos españoles.

El género picaresco y el Quijote representaban en la literatura española el paso del romance a la novela. La prosa del romance se caracterizaba por su Idealismo, mientras que la de la novela por su Realismo formal.

En cambio, en Gran Bretaña, la prosa de principios del XVIII estaba dominada por el romance. Hasta entonces, la literatura inglesa sólo había ofrecido obras de un tono puritano y tratados filosóficos e históricos. Además, los autores británicos seguían sin ingeniar modelos de referencia con un alto nivel de inspiración y transcendencia.

Durante las primeras décadas del siglo XVIII, hubo un esfuerzo consciente por establecer las bases comunes de la novela y distinguirla de los romances. Por ello, los padres de la novela inglesa se fijaron en el novelista y la novela que habían logrado esos mismos objetivos hacía más de un siglo, esto es, en Cervantes y el Quijote. Comenzó a aparecer el humor, la crítica social, la sátira, las dimensiones ontológicas y las técnicas narrativas, que eran propias de la novela picaresca española y el Quijote.

Las causas históricas fueron el incremento demográfico y de los centros urbanos ingleses; la convivencia en grandes ciudades de la clase pudiente con las más desfavorecidas; el aumento de la delincuencia; la subida de impuestos por el mal estado de la deuda nacional debido a sus interminables guerras; el desarrollo del Imperio y las rutas comerciales; y los intereses políticos que alentaban la crítica social.

Este influjo que los novelistas británicos del Setecientos recibieron fue debido a su admiración por la literatura picarescas en general, siendo las cinco obras que disfrutaron de una mayor difusión en Gran Bretaña a lo largo de los siglos XVII y XVIII: el Quijotede Miguel de Cervantes: el Guzman de Alfarache, de Mateo Alemán; la Celestina, de Fernando de Rojas; el Buscón, de Francisco de Quevedo; y el Lazarillo de Tormes.

Desde finales del siglo XVI, en las Islas Británicas hubo una tremenda fascinación por la novela picaresca española, cuyas obras se extendieron por sus bibliotecas en traducciones producidas por un grupo de esforzados hispanistas. Si estos libros fueron de los más leídos y reimpresos en la Inglaterra de los Estuardo lo fue gracias a que desde inicios del siglo XVI ya existía en Gran Bretaña un tipo de relatos de corte picaresco, conocido como beggar-books. Por eso, tanto lectores como literatos encontraron en las ingeniosas andanzas de Guzman, de Celestina, de Lázaro, de Pablos, de Pícara Justina o del Buscón un estilo de entretenimiento así como un modelo literario en que inspirarse.

GERARDO, THE UNFORTUNATE SPANIARD, POR FÉLIX LOPE DE VEGA

Los novelistas británicos hallaron en la picaresca española una prosa de realismo y calidad, identificando en estas narraciones españolas de los siglos XVI y XVII un marco análogo al de la sociedad que deseaban retratar con un realismo propio de la novela. Las similitudes entre la España del Siglo de Oro y la Gran Bretaña del XVIII propiciaron que los británicos leyesen con interés y admiración la literatura española que supo reflejar esos mismos condicionantes sociales y que, en muchas ocasiones, adaptaron sus obras según las directrices españoles.

Las similitudes entre los viajes de los picaros españoles y los protagonistas de las novelas británicas son evidentes. Un ejemplo claro es de los viajes de Tom Jones y los de Pablos, y en cómo los episodios son de la misma factura cómica, descriptiva e, incluso, temporal: el episodio (VII, 10) en que Tom se cree perdido en su viaje a Bristol, y la conversación que mantiene con un oriundo tras preguntarle el camino es de reminiscencias quevedianas, en concreto del diálogo entre Pablos y el matemático.

Pero fue Miguel de Cervantes, como autor de Don Quixote y las Exemplary Novels, quien logró una abierta admiración de Inglaterra por la narrativa del Siglo de Oro español. Su influencia fue anterior a la de Mateo Alemán y condicionó la que ejerciese CelestinaLa mayor influencia cervantina tuvo lugar en el Siglo de Oro de la narrativa inglesa: novelistas de renombre como Fielding, Smollett, Sterne, Swift o Lennox, en poetas de la talla de Shaftesbury, Addison, Steel, o Butler, en pintores como Hogarth y John Vanderbanken, y en pensadores como Miltonentre otros.

La admiración que los intelectuales británicos profesaron a la obra de Cervantes derivó en una desmedida pasión por las letras castellanas. Este fue el caso de una defensora del Protestantismo en Gran Bretaña y los Estados Unidos y una enemiga del Catolicismo español: Susanna Rowson. A pesar de recriminar la política exterior de España, siempre reconoció la influencia de Cervantes en el prólogo de su Slaves in Algiers, e incluso tomó prestados el género, tema y título del Viaje del Parnaso para su Trip to Parnassus. Y gracias a su Cervantismo, continuó leyendo traducciones de otras obras del Siglo de Oro español, y así se inspiró en la Celestina de Fernando de Rojas para redactar su Charlotte Temple, primer best-seller de la literatura norteamericana.

Sin embargo, la presencia de Cervantes en las letras inglesas no ha sido reconocida por la crítica y la filología inglesa hasta comienzos del siglo XX, gracias los estudios publicados por James Fitzmaurice-Kelly y Gustav Becker. Han reconocido la presencia hispánica sólo un reducido grupo de especialistas en el periodo, como Jill Campbell, S. Oilman, Aurelien Digeon, Ernest Baker, Martin Battestin o, más recientemente Clive Probyn, Walter Reed y Michael McKeon. Este último incluso dedicó un capítulo de su Origins of the Novel a Cervantes.

DON QUIXOTE IN ENGLAND

La aportación de Ronald Paulson ha ofrecido una nueva perspectiva en el estudio del Cervantismo del siglo XVIII inglés, situando a Don Quixote en el contexto político y artístico de la época. En 1998, el editor de Don Quixote in England, por Paulson, anunciaba este volumen proclamando en la contraportada:
"Seldom has a single book, much less a translation, so deeply affected English literature as did the translation of Cervantes' Don Quixote in 1612. The comic novel inspired drawings, plays, sermons, and other translations, making the name of the Knight of la Mancha as familiar as any folk character in English lore."

A finales del siglo XX, Edwin Knowles aseguraba que:
"Along with the Bible, Bunyan, and Shakespeare it (Don Quixote) has been a book that almost every literate English-man for the past two hundred years has read, at least in part."

Sobre esta admiración británica por Cervantes, Walter Starkie declaró orgulloso:
"England is always proud of having been the first foreign nation to recognize the genious of Cervantes."

Y Joseph Jones decía una verdad a medias al proclamar que "Cervantes was Laurence Sterne's favorite author", puesto que el Quijote fue lectura y modelo predilecto de un buen número de literatos británicos del XVIII.

Así lo aseguraba también Britton
"Outside Spain (Don Quixote's) impact has been particularly marked in England, at no point more evidently than during the eighteeth century."

Si Tom Jones es la primera novela en lengua inglesa y Henry Fielding el padre de la novela británica, sería bastante acertado afirmar que Cervantes es el antecedente más directo de la novela inglesa, según las conclusiones a las que han llegado filólogos ingleses como Alexander Parker y Walter Scott o el español J. A. G. Ardila.

Esta relación directa entre el Cervantismo y la obra de Fielding también ha sido propuesta por Harry Levin, quien, siguiendo a Albert Thibaudet, designó por "quixotic principle":
"the direct line of Cervantes" impact as the basic process he discovered and its wider employment."

Levin entiende que la presencia de la literatura cervantina en Gran Bretaña consiste en la elaboración de la dicotomía romance-novela, en especial a través de las figuras de Don Quijote y Sancho.

J. A. G. Ardila ha probado que el tono paródico de las dos novelas The Female Quixote y Northanger Abbey es genuinamente cervantino. Además, demostró las analogías entre el Quijote de Cervantes y el Tom Jones de Fielding en la casi totalidad de los recursos narratológicos. También ha emparentado las aventuras del Quijote con La expedición de Humphry Clinkerla novela picaresca más afamada de Tobias Smollett, quien además fue traductor.

Pardo García ha argumentado la influencia del Cervantismo en la obra de Joseph Andrews y la del Quijotismo en la de Laurence Sterne, incluyendo a Samuel Richardson en una tradición narrativa de ficción específicamente fructífera como la del siglo XVIII, que referencia una:
"dialogical form by incorporating the discarded romance world-view as one of the main participants in the dialogue of world-views, by making the confrontation between romance idealism and debased realism the basis of a dialogue, by investigating the romantic imagination separated from the world."

Brean Hammond ha preferido reclamar el Cervantismo de la totalidad de los novelistas de renombre que dio la Gran Bretaña del XVIII, afirmando que su influencia alcanzó muy especialmente a las obras de Smollett, Sterne y Fielding. Hammond explicó que:
"Mid-century reinscriptions of Don Quixote were important, I suggest, since they enabled a form of fiction that, while it still qualified as "serious" on the criteria that were evolving in the period, nevertheless provided the readerly satisfactions that (as readers from Samuel Johnson to Sir Walter Scott have testified) it appeared to be Richardson's express purpose to deny."


THE SPIRITUAL QUIXOTE, POR RICHARD GRAVES

Aún hoy se emplean los términos quixotic fiction y picaresque fiction para designar dos corrientes de la novela británica del siglo XVIII, evidencia léxica del impacto que las letras hispanas tuvieron en los novelistas británicos.

Edward Riley advirtió que en la primera mitad del siglo XVIII, el Quijote pasó a ser admirado especialmente por su ironía y su sátira, entendido como una épica burlesca en prosa y como una parodia donde el caballero era una caricatura del héroe.

De hecho, el término quixotic fiction sigue empleándose en la actualidad para designar la prosa del XVIII, cuyos personajes sufren un trastorno mental que les convierte en figuras paródicas y cómicas. Son los casos de novelas como The Female Quixote, Northanger Abbey, Sir Launcelot Greaves de David Skilton, y The Spiritual Quixote de Richard Graves, entre otros.

Los novelistas británicos se fijaron en seis aspectos temáticos y estilísticos del Quijote:
1. su carácter satírico y paródico
2. su comicidad
3. su estructura narratológica
4. su hibridismo genérico
5. ciertas situaciones
6. personajes que imitaron, fundamentalmente Don Quijote, Sancho y Dulcinea

Aquellos rasgos fueron denominados como Quixotic characters, aquellos que sufren una locura quijotescas, es decir, quixotic madness, que son diferentes a los cervantean narrative. El término quixotic fiction agrupa al tipo de narrativa cómico-paródica británica que presenta un personaje de locura quijotesca, mientras que el cervantean fiction engloba a las novelas que tomen de las otras cinco características.

El término quixotic fiction, según la crítica angloparlante, designaba las imitaciones del Quijote, tales como The Female Quixote, The Political Quixot, The Spiritual Quixote, etc.

THE LIFE OF MICHAEL DE CERVANTES SAAVEDRA (1742)
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...