INFLUENCIA DEL SIGLO DE ORO ESPAÑOL EN LA NOVELA BRITÁNICA

Durante el Siglo de Oro de las Letras españolas, la literatura tuvo tal grandeza y esplendor que incluso una potencia enemiga como era el Reino de Inglaterra se dejó influenciar, siendo sus grandes literatos traducidos al inglés y leídos por los círculos letrados del reino: Rojas, Alemán, Quevedo, Góngora, Lope de Vega y sobretodo Cervantes.


CALDERÓN DE LA BARCA, LOPE DE VEGA, FRANCISCO DE QUEVEDO Y MIGUEL DE CERVANTES


Pese a provenir de una nación enemiga, la literatura española era muy conocida en la Inglaterra de los siglos XVII y XVIII. El tema hispánico se puso de moda en este reino durante el Siglo de Oro de las Letras españolas, traduciéndose al inglés múltiples textos literarios. Bellos ejemplos que verifican este hecho artístico son The Spanish Tragedy de Thomas Kyd, de 1582, o la armónica The Spanish Maze, de 1603.

La publicación Mid-Century Quixotism and the Defence of the Novel, escrita por Brean Hammond en 1998, para la revista Eighteenth Century Fiction, y el libro Don Quixote in England, por el especialista en literatura y arte británicos del XVIII Ronald Paulson, demuestran la determinante influencia de la narrativa del Siglo de Oro español en la novela británica del siglo de la Ilustración.

En su obra Influencia de la literatura española en la literatura inglesaJohn W. Baker explicó que los temas españoles que más atracción artística causaron en el lector anglosajón fueron seis: la Reconquista contra los moros; los estudios universitarios (filosóficos); las peregrinaciones a Santiago de Compostela; el comercio; las bodas reales; y las guerras.

A esto hay que añadir la extraordinaria calidad literaria de estos textos, que han contribuido a definir un Siglo de Oro, así como la excelencia de las traducciones, muy especialmente las de James Mabbe.



THE ROGUE, POR MATEO ALEMÁN


El Lazarillo de Tormes fue traducido en 1576, por David Rowland of Anglese, siendo la primera gran obra española convertida al inglés en el siglo XVI, haciéndolo La Segunda parte del Lazarillo de Tormes, en 1602. De hecho, Lázaro fue convertido en personaje de teatro isabelino en Blunt Master Constable or the Spaniards Nighte-Walke, en 1602.

James Mabbe tradujo el Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, en 1622, con el título The Rogue (El Pícaro), porque Guzmán fue en Inglaterra, al igual que en España, el prototipo del pícaro. Para Gustav Ungerer, los partidarios de la Monarquía británica hallaron en este personaje la antítesis del estricto sentir puritano de la República de Cromwell, siendo Guzmán la fuente de cuantos highwaymen (saltadores de caminos) y panders (medianeros) proliferaron en la prosa inglesa del XVII.

También la Celestina fue traducida por James Mabbe, en 1631, con el título The Spanish Bawd, haciendo que la famosa alcahueta, la madre Celestina, fuera reconvertida en vieja isabelina tras ser nombrada The Spanish Bawd.




THE SPANISH BAWD, POR FRANCISCO DE ROJAS



Según Baker, Geoffrey Chaucer tuvo oportunidad de conocer libros e historias españolas y aprovecharse de todo eso. Por eso, existe un paralelismo entre los textos del Pardoner's Tale de Chaucer y del Libro de buen amor de Juan Ruiz, no solo en partes del relato, sino aun en las palabras, las ideas y el orden de ellas. El literato inglés debió conocer el texto del Arcipreste de Hita, o que ambos tuvieron una fuente común, que podría ser el De contemptu mundi del papa Inocencio III.

Richard Croshaw trasladó seis de los Sueños de Francisco de Quevedo, en 1640, el mismo año que se produjo la edición suelta de El infierno enmendado (Hell Reformed) de Edward Messervy. En 1667, Robert L´Estrange trasladó el resto. El Buscón fue traducido en 1657, 1670 y 1683.

En la Inglaterra del siglo XVII, las obras de Quevedo fueron tan populares que el autor llegó a convertirse en personaje. Por ejemplo, en Los viajes de don Francisco de Quevedo por la desconocida tierra austral (The travels of don Francisco de Quevedo through Terra Australis Igcognita, 1684) se escribió un viaje imaginario del literato español ataviado como un pre-Gulliver por el Polo Sur. Seguramente, no podría el madrileño reprimir una sonrisa al saber que su enemigo literario Luis de Góngora no pudo haber sido conocido por muchos más ingleses del XVII que Thomas Stanley, que intentó infructuosamente traducir las Soledades en 1651.



THE PILGRIM OF CASTILE, POR LOPE DE VEGA


Félix Lope de Vega tuvo una traducción de El peregrino en su patria (The Pilgrim of Castile) en 1621. Su teatro inspiró a numerosos dramaturgos ingleses, en especial a John Crowne y a Thomas Gage, ambos del siglo XVII. Incluso textos hoy considerados menores como el Poema trágico del español Gerardo y desengaño del amor lascivo (Madrid, entre 1615 y 1618), del Céspedes y Meneses, fueron traducidos como Gerardo, the unfortunate spaniard, por Leonard Digges, y teatralizados como The spanish curate, obra tardojacobina escrita por John Fletcher y Philip Massinger en 1622.

Mediante este grupos de títulos se concluye que la literatura española estuvo muy valorada por el Reino de Inglaterra en la época de William Shakespeare, e incluso décadas después de su muerte en 1616. Es indudable que Shakespeare leyó otros autores españoles. El biógrafo Stephen Greenblatt destacó la profunda influencia que la traducción del Book of prayer and meditation (1582) de fray Luis de Granada ejerció en el genio de Stratford on Avon: "Shakespeare had evidently read and absorbed the Catholic book." (Shakespeare había leído y absorbido el libro católico de manera evidente.)

De entre la literatura caballeresca que triunfó en Inglaterra destacaron dos series: las dos partes del Palmerín de Oliva de Francisco Vázquez, que fueron recogidos por Anthony Munday, en 1588 y 1597; y los tres libros del Espejo de Príncipes y Caballeros (The Mirror of Princely Deeds) de Diego Ortúñez de Calahorra, traducidos por Magaret Tyler, en 1575, 1585 y 1586.



GRANADA´S MEDITATIONS, POR LUIS DE GRANADA


En cuanto a Miguel de Cervantes, dos de sus Novelas Ejemplares, La gitana y La fuerza de la sangre, fueron también convertidos en material teatral en The Spanish Gypsy (1622), una obra de Thomas Middleton, William Rowley, Thomas Dekker y John Ford que combina ambas. En 1612, Thomas Shelton publicó su traducción del Quijote con el título de The Delightful History of the Witty Knight-Errant Don Quixote. Quizás la traducción estuvo beneficiada por la popularidad de la novela de caballerías española en la tierra del rey Arturo.

Aunque la primera traducción del Quijote al inglés fue publicada por Thomas Shelton en 1612, llevaba casi un lustro escribiéndose en versiones manuscritas. El propio Don Quixote influyó de manera innegable en la obra de Beaumont y Fletcher titulada El caballero del pistardero ardiente (The Knight of the Burning Pestle), publicada en 1631, y representada por la compañía de niños de Blackfriars en 1607-1608. De este mismo año existen varias referencias al Quijote en textos como The Miseries of the Enforced Five Gallant, de Thomas Middleton. Un poco después, otro de los grandes dramaturgos isabelinos, Ben Jonson, también hizo referencia a Don Quijote en The Silent Woman (1610). Todas estas menciones se deben a que Shelton reconoció haber traducido la obra cinco o seis años antes, por lo que las traducciones fueron manuscritas dando lugar a múltiples lecturas.



EXEMPLARY NOVELS, POR MIGUEL DE CERVANTES


Las causas intrínsecas que provocaron la admiración por los clásicos españoles fueron de tipo literario y social. Entre las literarias se cuentan la dicotomía novela-romance y la calidad de los ejemplos españoles.

El género picaresco y el Quijote representaban en la literatura española el paso del romance a la novela. La prosa del romance se caracterizaba por su Idealismo, mientras que la de la novela por su Realismo formal.

En cambio, en Gran Bretaña, la prosa de principios del XVIII estaba dominada por el romance. Hasta entonces, la literatura inglesa sólo había ofrecido obras de un tono puritano y tratados filosóficos e históricos. Además, los autores británicos seguían sin ingeniar modelos de referencia con un alto nivel de inspiración y transcendencia.

Durante las primeras décadas del siglo XVIII, hubo un esfuerzo consciente por establecer las bases comunes de la novela y distinguirla de los romances. Por ello, los padres de la novela inglesa se fijaron en el novelista y la novela que habían logrado esos mismos objetivos hacía más de un siglo, esto es, en Cervantes y el Quijote. Comenzó a aparecer el humor, la crítica social, la sátira, las dimensiones ontológicas y las técnicas narrativas, que eran propias de la novela picaresca española y el Quijote.

Las causas históricas fueron el incremento demográfico y de los centros urbanos ingleses; la convivencia en grandes ciudades de la clase pudiente con las más desfavorecidas; el aumento de la delincuencia; la subida de impuestos por el mal estado de la deuda nacional debido a sus interminables guerras; el desarrollo del Imperio y las rutas comerciales; y los intereses políticos que alentaban la crítica social.

Este influjo que los novelistas británicos del Setecientos recibieron fue debido a su admiración por la literatura picarescas en general, siendo las cinco obras que disfrutaron de una mayor difusión en Gran Bretaña a lo largo de los siglos XVII y XVIII: el Quijotede Miguel de Cervantes: el Guzman de Alfarache, de Mateo Alemán; la Celestina, de Fernando de Rojas; el Buscón, de Francisco de Quevedo; y el Lazarillo de Tormes.

Desde finales del siglo XVI, en las Islas Británicas hubo una tremenda fascinación por la novela picaresca española, cuyas obras se extendieron por sus bibliotecas en traducciones producidas por un grupo de esforzados hispanistas. Si estos libros fueron de los más leídos y reimpresos en la Inglaterra de los Estuardo lo fue gracias a que desde inicios del siglo XVI ya existía en Gran Bretaña un tipo de relatos de corte picaresco, conocido como beggar-books. Por eso, tanto lectores como literatos encontraron en las ingeniosas andanzas de Guzman, de Celestina, de Lázaro, de Pablos, de Pícara Justina o del Buscón un estilo de entretenimiento así como un modelo literario en que inspirarse.



GERARDO, THE UNFORTUNATE SPANIARD, POR FÉLIX LOPE DE VEGA


Los novelistas británicos hallaron en la picaresca española una prosa de realismo y calidad, identificando en estas narraciones españolas de los siglos XVI y XVII un marco análogo al de la sociedad que deseaban retratar con un realismo propio de la novela. Las similitudes entre la España del Siglo de Oro y la Gran Bretaña del XVIII propiciaron que los británicos leyesen con interés y admiración la literatura española que supo reflejar esos mismos condicionantes sociales y que, en muchas ocasiones, adaptaron sus obras según las directrices españoles.

Las similitudes entre los viajes de los picaros españoles y los protagonistas de las novelas británicas son evidentes. Un ejemplo claro es de los viajes de Tom Jones y los de Pablos, y en cómo los episodios son de la misma factura cómica, descriptiva e, incluso, temporal: el episodio (VII, 10) en que Tom se cree perdido en su viaje a Bristol, y la conversación que mantiene con un oriundo tras preguntarle el camino es de reminiscencias quevedianas, en concreto del diálogo entre Pablos y el matemático.


Pero fue Miguel de Cervantes, como autor de Don Quixote y las Exemplary Novels, quien logró una abierta admiración de Inglaterra por la narrativa del Siglo de Oro español. Su influencia fue anterior a la de Mateo Alemán y condicionó la que ejerciese CelestinaLa mayor influencia cervantina tuvo lugar en el Siglo de Oro de la narrativa inglesa: novelistas de renombre como Fielding, Smollett, Sterne, Swift o Lennox, en poetas de la talla de Shaftesbury, Addison, Steel, o Butler, en pintores como Hogarth y John Vanderbanken, y en pensadores como Miltonentre otros.

La admiración que los intelectuales británicos profesaron a la obra de Cervantes derivó en una desmedida pasión por las letras castellanas. Este fue el caso de una defensora del Protestantismo en Gran Bretaña y los Estados Unidos y una enemiga del Catolicismo español: Susanna Rowson. A pesar de recriminar la política exterior de España, siempre reconoció la influencia de Cervantes en el prólogo de su Slaves in Algiers, e incluso tomó prestados el género, tema y título del Viaje del Parnaso para su Trip to Parnassus. Y gracias a su Cervantismo, continuó leyendo traducciones de otras obras del Siglo de Oro español, y así se inspiró en la Celestina de Fernando de Rojas para redactar su Charlotte Temple, primer best-seller de la literatura norteamericana.

Sin embargo, la presencia de Cervantes en las letras inglesas no ha sido reconocida por la crítica y la filología inglesa hasta comienzos del siglo XX, gracias los estudios publicados por James Fitzmaurice-Kelly y Gustav Becker. Han reconocido la presencia hispánica sólo un reducido grupo de especialistas en el periodo, como Jill Campbell, S. Oilman, Aurelien Digeon, Ernest Baker, Martin Battestin o, más recientemente Clive Probyn, Walter Reed y Michael McKeon. Este último incluso dedicó un capítulo de su Origins of the Novel a Cervantes.


DON QUIXOTE IN ENGLAND


La aportación de Ronald Paulson ha ofrecido una nueva perspectiva en el estudio del Cervantismo del siglo XVIII inglés, situando a Don Quixote en el contexto político y artístico de la época. En 1998, el editor de Don Quixote in England, por Paulson, anunciaba este volumen proclamando en la contraportada:
"Seldom has a single book, much less a translation, so deeply affected English literature as did the translation of Cervantes' Don Quixote in 1612. The comic novel inspired drawings, plays, sermons, and other translations, making the name of the Knight of la Mancha as familiar as any folk character in English lore."

A finales del siglo XX, Edwin Knowles aseguraba que:
"Along with the Bible, Bunyan, and Shakespeare it (Don Quixote) has been a book that almost every literate English-man for the past two hundred years has read, at least in part."

Sobre esta admiración británica por Cervantes, Walter Starkie declaró orgulloso:
"England is always proud of having been the first foreign nation to recognize the genious of Cervantes."

Y Joseph Jones decía una verdad a medias al proclamar que "Cervantes was Laurence Sterne's favorite author", puesto que el Quijote fue lectura y modelo predilecto de un buen número de literatos británicos del XVIII.

Así lo aseguraba también Britton
"Outside Spain (Don Quixote's) impact has been particularly marked in England, at no point more evidently than during the eighteeth century."

Si Tom Jones es la primera novela en lengua inglesa y Henry Fielding el padre de la novela británica, sería bastante acertado afirmar que Cervantes es el antecedente más directo de la novela inglesa, según las conclusiones a las que han llegado filólogos ingleses como Alexander Parker y Walter Scott o el español J. A. G. Ardila.

Esta relación directa entre el Cervantismo y la obra de Fielding también ha sido propuesta por Harry Levin, quien, siguiendo a Albert Thibaudet, designó por "quixotic principle":
"the direct line of Cervantes" impact as the basic process he discovered and its wider employment."

Levin entiende que la presencia de la literatura cervantina en Gran Bretaña consiste en la elaboración de la dicotomía romance-novela, en especial a través de las figuras de Don Quijote y Sancho.

J. A. G. Ardila ha probado que el tono paródico de las dos novelas The Female Quixote y Northanger Abbey es genuinamente cervantino. Además, demostró las analogías entre el Quijote de Cervantes y el Tom Jones de Fielding en la casi totalidad de los recursos narratológicos. También ha emparentado las aventuras del Quijote con La expedición de Humphry Clinkerla novela picaresca más afamada de Tobias Smollett, quien además fue traductor.

Pardo García ha argumentado la influencia del Cervantismo en la obra de Joseph Andrews y la del Quijotismo en la de Laurence Sterne, incluyendo a Samuel Richardson en una tradición narrativa de ficción específicamente fructífera como la del siglo XVIII, que referencia una:
"dialogical form by incorporating the discarded romance world-view as one of the main participants in the dialogue of world-views, by making the confrontation between romance idealism and debased realism the basis of a dialogue, by investigating the romantic imagination separated from the world."

Brean Hammond ha preferido reclamar el Cervantismo de la totalidad de los novelistas de renombre que dio la Gran Bretaña del XVIII, afirmando que su influencia alcanzó muy especialmente a las obras de Smollett, Sterne y Fielding. Hammond explicó que:
"Mid-century reinscriptions of Don Quixote were important, I suggest, since they enabled a form of fiction that, while it still qualified as "serious" on the criteria that were evolving in the period, nevertheless provided the readerly satisfactions that (as readers from Samuel Johnson to Sir Walter Scott have testified) it appeared to be Richardson's express purpose to deny."



THE SPIRITUAL QUIXOTE, POR RICHARD GRAVES


Aún hoy se emplean los términos quixotic fiction y picaresque fiction para designar dos corrientes de la novela británica del siglo XVIII, evidencia léxica del impacto que las letras hispanas tuvieron en los novelistas británicos.

Edward Riley advirtió que en la primera mitad del siglo XVIII, el Quijote pasó a ser admirado especialmente por su ironía y su sátira, entendido como una épica burlesca en prosa y como una parodia donde el caballero era una caricatura del héroe.

De hecho, el término quixotic fiction sigue empleándose en la actualidad para designar la prosa del XVIII, cuyos personajes sufren un trastorno mental que les convierte en figuras paródicas y cómicas. Son los casos de novelas como The Female Quixote, Northanger Abbey, Sir Launcelot Greaves de David Skilton, y The Spiritual Quixote de Richard Graves, entre otros.

Los novelistas británicos se fijaron en seis aspectos temáticos y estilísticos del Quijote:
1. su carácter satírico y paródico
2. su comicidad
3. su estructura narratológica
4. su hibridismo genérico
5. ciertas situaciones
6. personajes que imitaron, fundamentalmente Don Quijote, Sancho y Dulcinea.

Aquellos rasgos fueron denominados como Quixotic characters, aquellos que sufren una locura quijotescas, es decir, quixotic madness, que son diferentes a los cervantean narrative. El término quixotic fiction agrupa al tipo de narrativa cómico-paródica británica que presenta un personaje de locura quijotesca, mientras que el cervantean fiction engloba a las novelas que tomen de las otras cinco características.

El término quixotic fiction, según la crítica angloparlante, designaba las imitaciones del Quijote, tales como The Female Quixote, The Political Quixot, The Spiritual Quixote, etc.


THE LIFE OF MICHAEL DE CERVANTES SAAVEDRA (1742)

MODA ESPAÑOLA EN LAS CORTES EUROPEAS

La influencia de la vestimenta cortesana española en Europa de la Modernidad fue un amplio fenómeno cultural que tuvo su máximo desarrollo entre 1550 y 1650 como resultado del periodo hegemónico de los Austrias en el mundo.

EL EMPERADOR CARLOS V CON PERRO, POR JAKOB SEISENEGGER (1532)

Durante los siglos XVI y XVII, la hegemonía política, cultural y militar del Imperio español quedó de manifiesto hasta en los usos indumentarios de la Corte española, que fueron exportados al resto de cancillerías de Europa y de los virreinatos americanos. Entonces, la literatura era traducida y leída en resto de lenguas europeas, la pintura marcaba la pauta junto a la de Italia y Flandes, y el español era una de las lenguas usas para la diplomacia y la política entre las potencias rivales.

A comienzos del Renacimiento, Italia marcaba la moda en la vestimenta europea, como también hizo con el resto de géneros artísticos, caracterizada por la expresión de colores vivos alegres. Pronto, fue España la nación que ejerció su influencia en la moda. Los retratos de su aristocracia, realizados por maestros como Diego Velázquez o Alonso Sánchez Coello, así como la presencia de consejeros reales en las administraciones políticas que los Austrias tenían en Europa, y viceversa, favorecieron la difusión de la moda a la española, ejerciendo una influencia decisiva en los usos indumentarios de la nobleza húngara y de las cortes inglesa y sueca, entre otras.

CATALINA DE ARAGÓN, POR MICHAEL SITTOW (1505)

A través de la presencia de mujeres como Catalina de Aragón en Londres, se difundió el atuendo español en Europa. también el modelo masculino tuvo éxito, como pone de manifiesto la visita a Madrid en 1623 del príncipe de Gales. De hecho, fueron los Austrias mayores Carlos I y Felipe II los máximos promotores de aquella tendencia. Mediante pragmáticas, Felipe II impuso esta vestir este estilo austero, debido a motivos morales y económicos, y que continuaron los Austrias menores Felipe II y Felipe IV.

Influida por el ascetismo de la Edad Media, el estilo hispánico se caracterizaba por el uso de colores oscuros y prendas ceñidas y lisas, el aspecto rígido con escasa ornamentación, expresando la sobriedad y la solemnidad acorde a la rectitud religiosa que se quería imponer. Junto a esta austeridad, incorporaban algunos detalles de color como la cruz bordada de alguna orden o cadenas de oro. Con el tiempo, fueron popularizadas otras prendas como golas, capas, corsés y guardainfantes.

Una clara muestra es el retrato de Alejandro Farnesio en su juventud, general de los Tercios de Flandes, héroe del combate de Lepanto, nieto de Carlos V e hijo de Octavio de Farnesio y Margarita de Parma, que se encuentra en la Galería Nacional de Parma. Aparece ataviado con vestidura corta con mangas y brahones, que se llevaba ajustada al medio cuerpo sobre el jubón. El jubón es una prenda que se ponía sobre la camisa, ajustada al cuerpo, y que cubría desde los hombros hasta la cintura. Las calzas acuchilladas cubren los muslos y las piernas. Por encima de los hombros, lo protege un elegante tudesco, que era un capote alemán.

ALEJANDRO FARNESIO, POR ANTONIO MOR (1557)

En su retrato, Felipe II con rosario, obra de Alonso Sánchez Coello expuesta en el Museo del Prado, aparece vestido con gorra de copa sobre la cabeza, gola en el cuello, ferreruelo y jubón. Felipe II mantuvo la estética planteada por su padre, pero le añadió 

la tradicional gola o gorguera de color blanco, que era un adorno entubado alrededor del cuello, utilizado en la Centroeuropa ya desde la Edad Media, tanto por hombres como por mujeres, por estar confeccionada con tela fina de Holanda. La gola contrastaban con la sobriedad del traje negro y estaba teñida con unos polvos para darle un ligero tono azul. 

Esta gola rígida y alta era un símbolo de poder que alzaba el cuello de los propietarios del Imperio geográfico más extenso de la Edad Moderna. Se solía llevar medias calzas blancas que cubrían toda la pierna, un calzado en forma apuntada. Los puños blancos hacían juego con la gola.

FELIPE II CON ROSARIO, POR ALONSO SÁNCHEZ COELLO (1580)

El retrato de Ana de Austria, cuarta esposa de Felipe II y madre del rey Felipe III, según la obra de Alonso Sánchez Coello expuesta en el Kunsthistorisches Museum de Viena, viste saya con mangas de punta. Fue Ana quien, de hecho, puso de moda el color negro en las Cortes europeas, y las generosas mangas de estilo bombacho, bajo los corpiños de estilo masculino. Triunfaban a la sazón el cartón de pecho, embrión del corsé, y el verdugado para ahuecar las faldas.

ANA DE AUSTRIA, POR ALONSO SÁNCHEZ COELLO (1571)

Las ropas de color negro eran un signo de nobleza, de poder y de limpieza de sangre. Era muy importante aparentar la alta condición social a la que se pertenecía. Vestir a la española fue, durante un siglo, casi una obligación, y quien se rebelase contra esos hábitos se exponía a las habladurías de una sociedad que, desde el mirador de las apariencias, defendía los privilegios de su clase. Pero las ropas de color negro también se pusieron de moda debido a la calidad y alto precio de su colorante palo de Campeche, también llamado "ala de cuervo", traído desde el Virreinato de la Nueva España, convirtiéndose en un signo de distinción.

A comienzos del siglo XVII, la moda española caracterizada por su sobriedad y austeridad del reinado de Felipe II derivó a formas más excesivas en adornos. El estilo Barroco incorporó telas exóticas con algo de color, vendas doradas, perlas y piedras preciosas, e incluso la clásica gola fue desplazada por la lechuguilla, mucho más exagerado que su predecesor en forma de gran abanico, por eso fue necesario incorporar los alzacuellos para su sujeción. La intención era dar una imagen que tapase la inicial decadencia en la que estaba sufriendo el Imperio de Felipe III.

Como ejemplo de este nuevo estilo está el retrato del archiduque Alberto de Austria, hijo de Maximiliano II, pintado por Frans Pourbus y expuesto en el Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid. Según el historiador Joseph Pérez, este aristócrata contrajo matrimonio con Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II, con la pretensión de "salir con elegancia del avispero flamenco". Durante el reinado de Felipe II, los gregüescos eran cortos y abombados, pero en tiempos de su sucesor se alargaron hasta penetrar en las botas, como se puede ver en el retrato.


ALBERTO DE AUSTRIA, POR FRANS POURBUS (1599)

En la obra pictórica Conferencia de Somerset, atribuida a Juan Pantoja de la Cruz y expuesta en la National Portrait Gallery, aparecen las delegaciones diplomáticas española e inglesa con idéntico atuendo, en un claro ejemplo de que aquel Tratado de Londres de 1604 no solo daba como ganadora política y militar a España en la Guerra Anglo-española, sino que además imponía sus usos indumentarios a su rival. A la derecha la delegación inglesa: Thomas Sackville (junto a la ventana), Charles Howard, Charles Blount, Henry Howard y Robert Cecil. A la izquierda la delegación hispano-flamenca: Juan de Velasco (junto a la ventana), Juan de Tassis y Acuña, Alessandro Robido, Charles de Ligne, Jean Richardot y Louis Verekyn.

CONFERENCIA DE SOMERSET, POR JUAN PANTOJA DE LA CRUZ (1604)

Tras la llegada de Felipe IV, la vestimenta de la nobleza española regresaba a la sobriedad de su original color negro, en contraposición al lujo y colorido de la emergente moda francesa. Y no solo en España, en Holanda el color negro se convirtió en símbolo de austeridad fruto de la Revolución Puritana.

En 1623, el cuello de lechuguilla fue sustituido por una gola grande y plana que caía sobre los hombros, estaba formada por un cartón rígido forrado de tela negra sobre el que se colocaba un cuello blanco llamado valona. Esta prenda obligaba a mantener la cabeza erguida, pero esta austera gola, era mucho más práctica y económica para la mayoría de los nobles. El color blanco de las medias fue sustituido por el negro, acorde al resto del ropaje. Y las calzas, también negras, estaba más ajustadas a las piernas que sus antecesoras de estilo acuchillado.

El clásico retrato de Diego Velázquez se observa a un juvenil Felipe IV, que viste golilla y calzones. Sobre el rey Planeta, el historiador John Elliott recuerda que hizo todo lo posible "para preservar el carácter sagrado de la realiza mediante la distancia".

FELIPE IV, POR DIEGO VELÁZQUEZ

Las mujeres llevaban un amplio vestido con guardainfante, prenda que sustituyó al verdugado. Aunque el guardainfante fuese francés, se trataba de una prenda que había evolucionado del original verdugado español, utilizado para ampliar el volumen del vestido. Consistía en una falda hueca compuesta por un armazón de alambres con cintas que partían de la cintura, y que se hacía poco práctico e incómodo. También podían introducir algún complemento.

Un ejemplo fue el de Mariana de Austriasegunda esposa de Felipe IV, con quien se casó en 1649, y madre de Carlos II, retratada también por Diego Velázquez en 1652, cuyo cuadro está expuesto en el Museo del Prado. Su tono es oscuro con ribetes plateados; y los amplios faldones y la basquiña reposan sobre él. El jubón cubría desde los hombros a la cintura, e iba ceñida al cuerpo. En la mano izquierda, Mariana sostiene un amplio pañuelo de encaje. Su peinado se denomina de mariposas.


MARIANA DE AUSTRIA, POR DIEGO VELÁZQUEZ (1653)

Para la aristocracia de la época, los adornos dorados sobre el negro y el encaje en la toca y los puños eran un signo de la pertenencia nobiliaria. El abanico o pañuelo eran también una prueba de un alto poder político.

Un ejemplo de este estilo es el retrato de la joven Inés de Zúñiga, esposa de Domingo de Zúñiga y Fonseca, perteneciente al pintor Juan Carreño de Miranda y expuesta en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid. Como define el catálogo de esta institución, llama la atención "el rico joyel de pedrería adornado con tres grandes plumas moteadas de rojo y la armoniosa combinación de blancos plateados en el ceñido jubón con grandes aldetas".


INÉS DE ZÚÑIGA, POR JUAN CARREÑO DE MIRANDA (1660)

En la segunda mitad del siglo XVII, Francia desplazó a España en el liderazgo político como quedó patente en la Paz de Westfalia de 1648 y el Tratado de los Pirineos en 1659. También el aspecto cultural, incluyendo la vestimenta, la Monarquía francesa fue imponiendo una moda más práctica. La ropa femenina eliminó las anchas faldas ahuecadas y las cinturas ceñidas, ampliando el escote y dejando al descubierto hombros y cuello. El elemento más significativo de la moda francesa masculina fue la peluca, que introdujo Luis XIII para tapar su calvicie, llevándose en el cabello de cualquier aristócrata ilustrado, durante todo el Siglo de las Luces.

La dinastía de los Borbones, influenciada por Francia, suprimió los últimos restos de la moda de los Austrias. Como reacción a este predominio galo, apareció el estilo que popularizaron las majas. Este estilo, denominado Majismo, fue inmortalizado por Francisco de Goya como pintor de la Corte de Carlos IV.

INVENTOS DOMÉSTICOS ESPAÑOLES

España ha dejado una serie de inventos domésticos que han ayudado a mejorar la calidad de vida de las personas. Son ingenios simples en su composición técnica, pero muy útiles para el hogar, el campo agrario, el viaje o la oficina.






1. LA FREGONA

Son muchos los artefactos, los electrodomésticos, que han conseguido mejorar la vida doméstica a lo largo del siglo XX, pero pocos objetos han significado tanto y han optimizado de tal manera los esfuerzos con un mecanismo sencillo como lo ha hecho la fregona, también llamado lampazo o trapeador. Porque conseguir fregar de pie, con la ayuda del palo que acompaña al penacho de tiras de algodón, supuso una trascendental ayuda para todas aquellas personas que hasta bien pasados los años 50 se veían obligadas a arrastrar sus rodillas para limpiar el suelo de viviendas y centros de trabajo. Su inventor fue Manuel Jalón Corominas, un ingeniero aeronáutico nacido en Logroño en 1915, y oficial del Ejército del Aire en la base aérea de Zaragoza.

Fue durante su estancia en Estados Unidos, donde trabajó como ingeniero aeronáutico durante una década, cuando observó la forma de fregar los suelos de los hangares, mediante una mopa y un cubo con rodillos.

Junto con su socio Emilio Bellvis, abrió la empresa Rodex para la fabricación del cubo de rodillos que se venía utilizando en Estados Unidos. En 1956 colocaron un palo de escoba a una bayeta de tiras de algodón, era la llamada bayeta-escoba: había surgido la fregona como un objeto liberador de trabajo. En los escaparates de las tiendas de Zaragoza se expusieron las primeras fregonas, que iban acompañadas de un cubo y un escurridor de rodillos con pedal.

En 1959, Jalón registró el modelo de utilidad nº 74.587 de fregona tipo embudo. Poco después, lo hizo con uno similar Joan Gunfaus, fabricado por la empresa de Terrassa Mery, con registro nº 75.168, que fue la marca que verdaderamente comercializó con éxito la fregona en Cataluña.

El siguiente hito de Jalón fue la patente de un cubo de generatriz curva, más resistente y con menor grosos de plástico que incluía la cesta para escurrir la fregona de una sola pieza, es decir, con el diseño actual. 

El impacto de la fregona fue mundial, siendo exportada a más de treinta países y cuyas ventas alcanzaron los tres millones de unidades al año. Era habitual que los turistas llevaran a sus residencias habituales la "fregona española" después de veranear. 

Manuel Jalón también realizó un sistema de Tupper mejorado y fabricó la jeringuilla hipodérmica desechable, cuya aparición hizo mucho por la higiene sanitaria y significó un gran avance gracias al uso de los plásticos en la no proliferación de enfermedades.






2. LA GRAPADORA

En 1920, se fundaba en en la guipuzcoana villa de Eibar la compañía industrial Olave y Solozabal, para la fabricación de de revólveres del calibre 32 al 38, aprovechando la demanda de estos productos bélicos y el desarrollo de la industria del acero en la Comunidad autónoma vasca. Entonces, no podían imaginar que terminarían diseñando la primera grapadora moderna del mundo. Su extraordinaria calidad productiva y su experiencia en taladros, barrenos, tornos, fresadoras, prensas, pulidoras, etc., les permitió derivar su fabricación a productos de escritorio y oficina.

El primer invento fue un numerador mecánico para documentos, pero su producto estrella fue la grapadora cromada M-5, de su marca El CascoAunque las grapadoras ya existían con ese nombre, el diseño moderno apareció en 1930, como un hito del diseño mundial en artilugios para oficina. Sus inventores fueron Juan Solozábal y Juan Olivé. Este modelo sigue vendiéndose en la actualidad en todo el mundo.

Su éxito se debe a la robustez del producto, similar a la del armamento:
"Si una bala debía desfilar por el cañón de un revolver con absoluta precisión, una grapa debía de desfilar por su carril y grapar con la misma precisión en una grapadora."


3. EL SACAPUNTAS

Otra de las aportaciones de esta empresa al mundo del material de oficina fue el sacapuntas o afilalápices. Hasta que Ignacio Urresti inventó el sacapuntas, en 1946, se empleaban otros medios más aparatosos, cuyos orígenes se sitúan en Francia. Mientras trabajaba en la empresa El Casco, Urresti se dio cuenta de que la clave para difundir estas piezas era la comodidad. Se inspiró en un molinillo de café y su invento se hizo muy popular de forma inmediata, además de ser considerado como un gran ejemplo de diseño. El primer modelo de éste tenía un peso de algo menos de kilo y medio, funcionaba con manivela y parecía una mezcla entre un molinillo de café y una cámara fotográfica de visor vertical. Pero su oso se fue extendiendo por oficinas y escuelas de toda España, e hizo que fuera imitada en todos los países.

A partir de 1976, la empresa comenzó a editar series más lujosas de sus productos de oficina bañados en latón que mantenían siempre la gran calidad. Legaron a exportar a mercados de 42 países con sus grapadoras, afilalápices, taladradoras, e incluso portaplumas, abrecartas, tinteros, etc. Así, siguen comercializando una de las más completas y cualificadas gamas de productos de despacho y escritorio del mundo.




4. LA PLUMA DE ACERO

Manuel Vaqué Ferrandis fundó en 1942 un taller dedicado a la fabricación e importación de instrumentos de escritura, principalmente plumillas metálicas, la forma habitual de escritura en ese momento. En 1955, fundó Inoxcrom, cuyo nombre provenía de inoxidable y cromado, dos innovadoras técnicas del momento, para la fabricación de la pluma estilográfica Inoxcrom 55, la primera de la empresa. En 1972, también produjo el primer bolígrafo Inoxcrom 55.

A pesar de la popularidad que alcanzó en los años 60 y 70, sufrió la dura competencia del bolígrafo Bic, más barato y eficiente. Por eso se especializó en otros instrumentos de escritura, buscando una personalidad propia, basada en la calidad, el prestigio y la durabilidad. A finales de los 80, la empresa incorporó los diseños de Ágatha Ruiz de la Prada, Jordi Labanda o Kukuxumuxu, con la intención de personalizar sus productos.

El objetivo de esta empresa siempre fue la internacionalización de sus productos mediante la creatividad mediterránea aplicada al material de escritura. Así, desde sus filiales en Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y Estados Unidos, llega con 150 millones de bolígrafos anuales a 70 países.




5. LA BATIDORA MINIPIMER

Toda una revolución para las cocinas occidentales fue la batidora. Pionero de este instrumento culinario fue la empresa Pimer (Pequeñas Industrias Mecánico-Eléctricas Reunidas), fundada en 1945 para la fabricación de pequeños electrodomésticos con la intención de aprovisionar el mercado europeo tras la II Guerra Mundial.

En 1947, se incorporó a esta empresa como delineante y luego como director técnico Gabriel Lluelles, quien a principio de los años 60 inventaría su batidora Minipimer. Antes ya había desarrollado la batidora Bipimer, al estilo de las batidoras americanas de vaso superior, pero le quiso evolucionar:
"La batidora era muy difícil de limpiar. La gran idea en 1957 fue independizar las cuchillas con el motor, del vaso. Hacer un electrodoméstico pequeño, manejable y que se pudiera colgar en la cocina."
Por tanto, el brazo batidor podía usarse en cualquier recipiente independientemente. En 1962, Pimer fue comprada por la empresa Braun, después por la americana Gillette, y actualmente es parte de la multinacional P&G.

Lluelles siguió diseñando con gran éxito para Braun, por ejemplo el famoso exprimidor Citomatic, y luego pasó a trabajar apara Turus, desarrollando secadores, aspiradoras, etc. hasta su jubilación en 1988.

Nunca entendió porque las batidoras actuales deben ser tan potentes:
"¿Para qué necesitamos 600 o 800 vatios? No hace falta, gastan muchísima energía y el resultado no difiere casi de las que tienen 270 vatios, eso no es diseño sino derroche, y más ahora que hay que ahorrar energía." 



6. LA COLONIA LAVANDA

Las sustancias utilizadas como perfumes, y los perfumes como tales, tienen un origen que se pierde en la lejanía de los siglos. De hecho, un perfume es básicamente algo que huele bien, en contraposición a algo que huele mal. En este sentido, los aromas agradables de flores y plantas quizá se convirtieron en las primeras sustancias empleadas como perfumes; luego vinieron las sustancias de origen animal, como el almizcle o el ámbar gris.

La colonia, o más propiamente, el agua de colonia, es un tipo de perfume inventado por un italiano, Juan María Farina, que vivía en la ciudad alemana de Köln (Colonia), por lo que le dio ese nombre a su creación. Se trataba de un perfume compuesto de romero, neroli, bergamota y limón. Hoy en día es mucho más popular que los perfumes tradicionales, más densos y olorosos.

En esta lista de perfumería se encuentra un invento español: el Agua Lavanda, lanzada al mercado en 1925 por la empresa catalana Puig, fundada en 1914, por Antoni Puig i Castelló, para la importación de perfumes franceses. 
Pero la ambición de su promotor fue más allá, llegando a desarrollar este novedoso aroma.

La concepción del envase fue efectuado por el pionero del diseño español André Richard, ganador del Premio Nacional de Diseño.En realidad se trataba de una adaptación de un modelo del primer producto exitoso de Puig, el Agua Lavanda de 1940, con un vidrio ambarino y producido con aromas de hierbas aromáticas locales dada la autarquía del momento: romero, espliego, lavanda y limón. Después, en 1953, la empresa añadió al envase un recubrimiento de mimbre para darle un aspecto artesanal. Y, finalmente, en 1963, Richard diseñó un frasco similar con tapón de madera y una cinta de rafia que le daba un toque vernacular y natural, pero preludiando a la vez con el incipiente diseño moderno y funcional. Ese mismo frasco, denominado Diseño Barcelona, fue el que se utilizó, con alguna variación para lanzar Agua Brava, en 1968 y es casi igual al que se sigue utilizando en la actualidad, con apenas cambios en la gráfica.

Desde 1983, Agua Brava esponsoriza la regata de la Copa del Rey, afianzando su poder evocador:
"Una forma y una fragancia eternos, como el Mediterráneo, de pinos junto al mar, de viento, de velas y pasión."
A través de distintos formatos de envasado, el agua lavanda se exporta hoy a más de ochenta países, siendo el grupo Puig Beauty & Fashion es uno de los principales grupos perfumistas del mundo. En 1975, Puig y Esteve fueron más allá de su campo aromático y crearon la empresa Isdin, para el cuidado integral de la piel.





7. LA BOTA DE VINO

La bota de vino es un derivado de los odres, pieles de animal impermeabilizadas para contener líquidos. La bota está confeccionada con cuero de cabra, que tiene una textura flexible, y está recubierta interiormente con pez, una resina que la hace impermeable. El pitorro es de plástico, antes de baquelita, y tiene un cordel para transportarla colgada. Es un antecedentes del botellón: un contenedor transportable de vino barato. Basta alzar la bota y presionar ligeramente su base para encajar un fino chorro de vino directamente en la boca.

El uso de la bota fue una tradición muy arraigada en España, especialmente en áreas rurales, y tiene una dilatada presencia en la literatura y el refranero popular. Según dos fragmentos de El Quijote de Miguel de Cervantes:
"... ¡Oh bota que vas colgando del arzón de la silla, por si o por no, eres tan devota mía y te quiero tanto que te prodigo mil besos y mil abrazos, te elevo a las nubes con miedo que recojas el aguas...!"
"... Pero lo que más campeó en el campo de aquel banquete fueron seis botas de vino, que cada una sacó la suya de su alforja, hasta el buen Ricote, que se había transformado de morisco en alemán o en tudesco, sacó la suya, que en grandeza podía competir con las cinco..." 
La marca española de botas más célebre es Las tres ZZZ y tiene su origen en Pamplona, en 1873, en un taller botero fundado por Gregorio Pérez, procedente de Huerca, asociado con  el artesano navarro Eusebio Iglesias. La empresa se denominó, en 1916, Las tres ZZZ en honor a las tres hijas que tuvo Pérez. Otra botería célebre es Las tres DDD, sita en Burgos.

Ambas producen el modelo recto y el curvo, más tradicional con su característica forma arriñonada. La bota requiere un buen uso, hay que estrenarla calentando y soplando en su interior, para llenarla con agua y así humedecer la costura. Si se enganchan las paredes por desuso, hay que calentar la pez hasta separar la piel suavemente. Aunque ahora también hay botas de látex que superan este ritual.



8. EL BOTIJO

El botijo es una pieza de alfarería típicamente española, aunque también se fabrique en otros países Mediterráneos. Consiste en un recipiente de barro poroso con un asa y dos pitorros de diferente medida; por el mayor se introduce el agua y por el pequeño se bebe, levantando el objeto por encima de la boca e inclinándolo. Su utilidad es mantener fresca el agua mediante su evaporación en la arcilla porosa de que está fabricado, y así aliviar la sed en las zonas cálidas.

El funcionamiento es tan simple como sorprendente: el agua contenida se filtra por los poros hasta la superficie, donde por efecto de la alta temperatura exterior, se evapora. Este estado de líquido a gaseoso requiere energía calorífica, que se extrae de la masa de agua contenida en el interior. Por tanto, esta se refresca al perder temperatura. Se puede llegar a reducir hasta 10 grados la temperatura interior en condiciones óptimas, siempre en lugares secos, pues si hay mucha humedad ambiental no se produce la exudación necesaria. Por tanto, los botijos decorativos, pintados y esmaltados no tienen la capacidad refrescante.

Todas las regiones españolas han desarrollado tradicionalmente diversas tipologías de botijos, que adoptan nombres dispares como pipo, pimporro, búcaro en Andalucía, cántir en Cataluña, o botixo en Galicia.

La procedencia etimológica es romana, del término buttis, o tonel, de ahí derivó a bota, botija, botijón y finalmente botella, pero en este caso de vidrio.

Tras la llegada de los aparatos electrodomésticos a los hogares españoles, surgió la necesidad de adaptar el tradicional formato del botijo a otro más fácil de transportar y encajar en los frigoríficos. Así, en 1999, los jóvenes diseñadores valencianos Héctor Serrano y Alberto Martínez y Raky Martínez inventaron el Rebotijo, un botijo casero mezcla de tradición y contemporaneidad, que se encarga de producir la empresa La Mediterránea.

En España existe la colección más grande del mundo de botijos que ostenta un récord Guinness: el Museo del Botijo, en Toral de los Guzmanes (León), que reúne más de 2.500 piezas de coleccionista Jesús Gil Gibernau. También destaca el Museo del Cántir en Argentona (Barcelona), y el Museo del Botijo en Villena (Alicante), con curiosas piezas decoradas de todos los lugares del mundo.



9. EL PORRÓN

El porrón es otro artefacto para beber vino o cava, originado en la región de Cataluña, donde también se le conoce como porrona. Su nombre proviene de una variedad de pato buceador, cuya forma es semejante a la del porrón. Se trata de un recipiente de forma semiesférica, con dos brazos cónicos: uno ancho por donde se introduce el líquido, y otro que se va estrechando por donde se bebe. El brazo ancho es a su vez el mango y se alza por encima de la cabeza y, al inclinarlo ligeramente, el líquido sale con fuerza por el pitorro estrecho creando un chorro que se dirige directamente a la boca. Desde ahí se puede ir alejando la mano hacia arriba y de ese modo se crea un chorro cada vez más largo. 

El porrón es originariamente de vidrio verdoso transparente y se suele proveer de un tapón de corcho para la boca ancha; de esa forma no entra apenas aire y el vino se mantiene mejor. Funciona como dispensador de vino en comidas comunitarias, como el botijo y la bota, se pasa de mano en mano y cada comensal toma un trago sin riesgo de higiene y enfermedad al no existir contacto con la boca.

También se han hecho referencias en el mundo del cine y de la literatura. El cineasta Bigas Luna dijo que:
"El calçot, el porrón y los castellers son tres cosas catalanas que siempre me han fascinado, nacen de la tierra y hacen mirar hacia el cielo."
El escritor George Orwell, en su obra Homenaje a Cataluña, escrito en 1938:
"... y bebíamos de una cosa espantosa llamada porrón. El porrón es un especie de botella de vidrio fino del cual sale un delgado chorro de vino al inclinarla. De este modo resulta posible beber desde lejos, sin tocarlo con los labios, y pasarlo de mano en mano. Me declaré en huelga y exigí un vaso en cuanto vi cómo se usaba el porrón. Para mi gusto, se parecían demasiado a los orinales de cama de vidrio, sobre todo cuando estaban llenos de vino blanco."



10. LA NAVAJA

La navaja surgió a finales del siglo XVI en España tras la prohibición promulgada por el emperador Carlos V de llevar armas de hoja larga (sobre todo espadas) a gente ajena a la nobleza. La navaja permitía girar la hoja afilada únicamente en uno de los lados para quedar oculta en el interior del mango, estaba acabada en punta y normalmente algo curva. Además de ser pequeña, manejable y mucho más barata que una espada.

Así, a partir del siglo XVII la difusión de la navaja fue en aumento, hasta hacerse sumamente popular. Desde España, fue difundiéndose por los puertos del mar Mediterráneo, primero hasta Italia y Francia, y después por el resto de Europa hasta llegar a Alemania e Inglaterra, sin olvidar que también lo hizo a Portugal y Marruecos.



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